Memorandum C.G.N.

MEMORANDUM ENTREGADO AL PRESIDENTE DEL CONSEJO GENERAL DEL NOTARIADO EL 1 DE JUNIO DE 2009

 

- I -

La LIBRE ASOCIACIÓN DE NOTARIOS “JOAQUÍN COSTA” ha colaborado leal y eficazmente con el Consejo General del Notariado, dentro del ámbito de sus finalidades estatutarias, respaldando la política de nuestro más alto órgano representativo y siguiendo en muchas ocasiones sus directrices, en defensa de derechos e intereses del notariado español y con prioritaria atención a la protección de los usuarios del servicio público notarial.

Esta línea de leal colaboración institucional se inició siendo Presidente del Consejo General JOSÉ-MARÍA DE PRADA GONZÁLEZ, continuó durante los mandatos de ANTONIO PEREZ SANZ y de ANTONIO FERNANDEZ GOLFÍN, se debilitó durante la presidencia de JUAN BOLÁS ALFONSO y se interrumpió mientras ocupó el cargo de Presidente JOSÉ MARQUEÑO DE LLANO.

El distanciamiento entre el Consejo General del Notariado se inició, según se ha dicho, durante la presidencia de JUAN BOLÁS ALFONSO y ello fue motivado por la profesionalización y dedicación exclusiva del mismo a las tareas del cargo y por la disposición de mas medios personales y materiales para atender los múltiples frentes en los que el Consejo General ha de estar presente, reduciendo hasta hacer claramente prescindibles las colaboraciones puntuales de las asociaciones y de tantos y tantos compañeros, fundamentalmente del Colegio Notarial de Madrid, vocacionalmente dados al trabajo corporativo, por más que hasta entonces el sistema se hubieran mostrado como muy eficaz y, por supuesto, absolutamente gratuito y desinteresado.

El distanciamiento se tornó en enfrentamiento con la llegada a la presidencia del Consejo de JOSÉ MARQUEÑO DE LLANO, cuya elección, formalmente legitima, tuvo mucho de cooptación al estar precedida de movimientos y situaciones poco transparentes y, por ello, absolutamente incompatibles con los valores defendidos por nuestra asociación.

Ese enfrentamiento se fue consumando y agravando a lo largo de los cuatro años del mandato de MARQUEÑO, durante los cuales se produjeron discrepancias y desencuentros que podrían resumirse en los siguientes puntos :

1.- Frente al clamor unánime de todas las asociaciones notariales, expresado en unas jornadas “ad hoc” celebradas en el Colegio Notarial de Madrid, el Consejo impulsó y respaldó una reforma reglamentaria que, en lo que a la vida corporativa se refiere, calificamos de regresiva y que no acogió ninguna de las pretensiones de ésta ni de las otras asociaciones notariales, puesto que:

  * Redujo la tradicional autonomía colegial, situando al Consejo General como máximo órgano corporativo, más allá de las funciones de coordinación y de representación para las que nació la Junta de Decanos.

 * Esa potenciación del Consejo (al que se permitió autoasignarse sin límites objetivos los recursos económicos con una discrecionalidad de la que no goza ningún ministerio y, ni siquiera, el Congreso de los Diputados) no tuvo como contrapeso la deseable transparencia, ni el control por persona u órgano alguno, más allá de la auditoría formal de sus cuentas. Así se explica, aunque no se justifique, la ocultación de datos al actual y al anterior Decano del Colegio de Madrid, al amparo de un dictamen o informe de la Agencia de Protección de Datos, obtenido en base a una consulta con planteamiento parcial, sesgado y tendencioso. Así se explica también el vergonzante y misterioso capitulo de la asignación descontrolada de “compensaciones institucionales”, ámbito éste en el que han prosperado interpretaciones “pro domo sua” frente a la clara sentencia del Tribunal Supremo sobre el particular. Y así se explica, por último, el contagio de esa misma opacidad a la Agencia Notarial de Certificación, ANCERT, paradigma de desgobierno, de funcionamiento errático y de cuantiosísimos dispendios, con abuso de posición dominante respecto a una clientela cautiva y con el agravante de que ni siquiera cumplió siempre y a tiempo la obligación legal de depositar sus cuentas en el Registro Mercantil.

 * Tampoco esa posición dominante del Consejo tuvo en cuenta el diferente peso de los diversos Colegios Notariales, manteniendo a ultranza ( salvo a la hora de cubrir el mastodóntico presupuesto del Consejo) una injusta igualdad, plasmada en la correlación un colegio-un decano-un voto, con la consecuencia de que a la hora de la verdad el voto electoral de un notario de La Rioja, por ejemplo, tiene la misma proyección de poder en el Consejo que el voto de veinte o treinta notarios de Cataluña, Andalucía, Madrid o Valencia.

 * Ni siquiera esa prepotencia del Consejo tiene reglamentariamente la posibilidad de un correctivo por vía de moción de censura, con lo que se consagra una impunidad en el terreno político-corporativo, que no conocemos en ningún otro organismo de un Estado Democrático y de Derecho, como el nuestro.

 * La posición capital del Consejo y su funcionamiento claramente presidencialista no buscaron un refuerzo a su legitimidad mediante la elección directa del Presidente por todos los notarios españoles, manteniéndose el sistema de elección indirecta (que en las dos últimas, democráticas y reglamentarias elecciones no ha resultado precisamente edificantes ni ejemplificador)

2.- Frente a la visión tradicional del notario latino basada en el delicado equilibrio de su aspecto funcionarial y de su aspecto profesional, el Consejo General ha auspiciado, (con intención de huir de riesgos desreguladores economicistas y neoliberales) un deslizamiento hacia posiciones netamente funcionaristas, que han roto aquel equilibrio y nos han insertado demasiado en la estructura administrativa del Estado (hasta de “encuadramiento” llegó a hablarse en alguna resolución de la Dirección General). Como inevitable consecuencia de ello se nos han ido imponiendo, con la aquiescencia y participación acrítica del Consejo, funciones que exceden de la exigible leal colaboración y para las que carecemos de preparación, vocación y autoridad, poniéndonos en riesgo de incumplimientos no intencionados y de responsabilidades totalmente desproporcionadas.

3.- Frente a la postura de nuestra asociación, fomentando las mejores relaciones entre notarios y registradores, como corresponde a las dos funciones (sucesivas, complementarias e independientes) en que se basa la seguridad jurídica preventiva, el Consejo General del Notariado ha estado embarcado en una guerra que nadie sabe como empezó pero todos nos tememos como puede terminar. El agresivo informe del Consejo General, emitido en periodo electoral y hallándose “en funciones”, dando respuesta al cuestionario de la llamada “Hoja de Ruta”, ha justificado una furibunda reacción del Colegio Nacional de Registradores, con lo que unos y otros hemos proporcionado a quienes no nos miren con buenos ojos la munición suficiente para acabar con ambos Cuerpos. A nadie debe extrañar, por tanto, que nuestra asociación (que hace años impulsó la elaboración de un trabajo conjunto y pacificador de notarios y registradores) se haya posicionado claramente al lado de quienes propician el entendimiento y frente a un Consejo General empeñado en batallas inútiles e inusitadamente agresivo respecto al documento conocido como “Bases de Barcelona”, en cuya elaboración hemos participado y en cuyo debate, difusión y desarrollo estamos comprometidos.

4.- Frente a la actitud de FORO NOTARIAL y JOAQUÍN COSTA recurriendo determinados aspectos de la reforma reglamentaria, y muy especialmente el párrafo cuarto del nuevo artículo 143, el Consejo General se posicionó al lado de la Administración, sosteniendo, como si fuera propio, un texto que se había colado de rondón, a destiempo y a sus espaldas, y ello pese a que el Presidente Marqueño inicialmente había manifestado su voluntad de recurrir tal precepto “incluso a título personal”, reculando después y limitándose a salvar las apariencias con una llamada telefónica a nuestro entones Presidente, JOSÉ GONZÁLEZ DE RIVERA, felicitándole y respaldándole por la decisión de interponer el recurso. A pesar de ello se impuso en el Consejo la actitud beligerante contra las asociaciones recurrentes, y en apoyo de la Administración, sin duda con la esperanza de que esta actitud amistosa, unida a tantos silencios y tolerancias ante los constantes deterioros de nuestra función y de nuestro status, tuviesen algún grado de respuesta favorable en tal Administración, de la que en estos últimos cuatro años sólo hemos recibido sinsabores, encajados siempre con la cantinela del “podía ser peor” a la que el Presidente Marqueño era tan aficionado.

5.- Frente a la responsabilidad institucional que incumbe al Consejo (y singularmente a su Presidente) como aglutinante de todos y cada uno de los Colegios Notariales, que están representados en su seno, y prescindiendo de filias y de fobias hacia sus Decanos, el Presidente MARQUEÑO y sus más inmediatos colaboradores impusieron el aislamiento e incluso la reprobación al Decano del Colegio Notarial de Madrid, que había sido candidato a la Presidencia del Consejo y que mantuvo una legitima actitud crítica respecto a las actuaciones y opacidades del equipo de gobierno, fruto de una concepción del notariado y del papel y status de los cargos corporativos, muy diferente a la dominante en el Consejo. Tal actitud de intolerancia frente a la discrepancia, (justificada siempre con victoriosas votaciones, obtenidas mediante inquebrantable disciplina de voto) descabalgó también a otros Decanos – PAMPLONA, ARAGÓN- no complacientes con las ideas dominantes en un órgano colegiado, supuestamente concebido más para al debate enriquecedor que para las adhesiones inquebrantables. Nuestra asociación, que en aquel entonces guardó silencio, se ha situado luego, bajo su actual y renovada dirección, al lado de los tres Decanos proscritos, ha homenajeado a dos de ellos y reconoce su deuda de gratitud con el tercero.

- II -

La renovación de las Juntas Directivas tras las elecciones del pasado mes de noviembre abrió una etapa esperanzadora en la que creíamos se habrían superado los males del pasado, de los que acabamos de hacer memoria. Confiábamos en un cambio de estilo y, sobre todo, en que se llegase a soluciones de consenso respecto a los objetivos del nuevo Consejo, recogiendo lo que de positivo hubiese en las dos sensibilidades que limpiamente se habían enfrentado.

Pronto nos dimos cuenta de nuestra ingenuidad y salimos de nuestro error, asistiendo perplejos a un movimiento extemporáneo y antirreglamentario para aupar a los puestos más altos de la corporación a determinados compañeros, cuyos méritos no cuestionamos, pero cuya vía de irresistible ascensión no ha sido la más ejemplificadora. No deben sentirse muy orgullosos de su proceder quienes con dos meses de antelación respecto a la fecha prevista comprometieron, con firma y difusión, apoyos suficientes para hacer imposible cualquier movimiento alternativo, marginando, no ya con su voto, lo que hubiera sido legítimo, sino con su anticipado veto, a los representantes de la mitad del notariado español.

Pese a ese pecado original, que nos obliga a una actitud cautelosa y desconfiada, no podemos ni queremos ignorar algunos gestos de la nueva cúpula corporativa que podrían anticipar un regreso al camino de la imparcialidad institucional, de cierta aunque insuficiente transparencia, de búsqueda de compromisos y consensos, de respeto a los discrepantes. La convocatoria efectuada a las asociaciones notariales, que hemos aceptado y agradecemos, podría ser el inicio de una nueva etapa, siempre que concurriesen otros elementos que, a nuestro parecer, son imprescindibles:

- Debe el Consejo funcionar colegiadamente, buscando el consenso más que la votación apabullante, tomando lo que de bueno exista en la postura del discrepante, sin dogmatismos, con visión de futuro y no con su confesada vocación continuista que ya lleva en sí misma la carga de agravios suficientes para que algunos nos sintamos excluidos.

- Debe primar la transparencia, que haga el milagro de que los notarios de a pie nos sintamos partícipes de la gestión de los asuntos comunes, en lugar de encerrarnos en un aislacionismo individualista y estéril.

- Debe someterse a estudio riguroso, a revisión crítica y reformadora, la estructura corporativa supracolegial, recogiendo aportaciones de las distintas sensibilidades con la finalidad de proponer una nueva reforma del Título V del Reglamento Notarial más acorde con los vientos que hoy –a tanta distancia del 1.944- corren por la sociedad española.

En ese camino y con esas metas podrá el Consejo General del Notariado contar con la decidida y activa participación de la Libre Asociación de Notarios “JOAQUÍN COSTA”.

Madrid, 1 de junio del 2009

© 2011 JOAQUÍN COSTA